Entrevista a Jose Antonio Navarrete.

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Javier ha dejado su huella en muchos grandes. José Antonio Navarrete, sumiller de referencia en el mundo de la gastronomía española —magistral en el conocimiento, sencillo en el trato y volcado en el servicio perfecto que ofrezca experiencias inolvidables a los clientes—, ejerce su magisterio en Quique Dacosta, y recuerda en este artículo cómo conoció a Javier, habla de su admiración por su magnetismo personal, su pasión y su conocimiento enciclopédico de los vinos. En una entrevista con Interempresas en 2017, de sí mismo dice Navarrete: «Tengo la satisfacción de compartir trabajo y afición. Mi trabajo es mi vida y la disfruto con pasión. Se considera, «en sí, un dialogador que hace más sencilla la conversación entre el artesano y el consumidor. Un diálogo con humildad, conocimiento y seducción.» Algo muy de Javier trasmina en esta bella definición de un discípulo que ha recibido las más elevada condecoraciones y premios del sector.

 Le conociste…
Quizá le conocí demasiado tarde, al igual que llegue al mundo del vino demasiado tarde.

Recuerdo esa primera vez como si fuese ahora mismo. Fue a través de una amiga común, que en esa época formaba parte de la directiva de la Asociación de Sumilleres de Murcia. Aquella tarde Javier nos dio una verdadera clase magistral sobre vinos de Francia: recorrimos de su mano las distintas regiones; hablaba con un conocimiento asombroso de variedades, de estilos, de zonas, de suelos, de gentes… Nos habló con pasión de su pasión.

De él aprendimos algo que no aparece en los libros: hablar con humildad desde la pasión y el conocimiento.

Yo en aquella época estaba empezando en este mundo y me dio otra visión sobre este oficio, porque el sumiller no es una profesión sino un oficio.

Parte de mí como profesional se lo debo a él y a aquella tarde.

 Qué aspectos de formación recuerdes.

Asistir a una clase, a una cata o una charla en la que participase Javier siempre era un aprendizaje: aprender no solamente sobre el vino, una enseñanza sobre la vida en sí.

Era un gran divulgador porque era un extraordinario conocedor del vino y de todo lo que encontramos en torno a él. Asombraba su conocimiento vinícola, pero nos solo sobre el vino, intelectualmente era una persona especial, muy cualificada.

 ¿Qué caracterizaba sus catas?

Sus catas eran como él, alegres, divertidas, divulgativas y, sobre todo, lograba hacer sencillo lo difícil. Utilizaba siempre un lenguaje sencillo y en pocas ocasiones técnico, por eso sus catas eran amenas, esclarecedoras, lo que permitía a cualquier persona, entendida o no sobre vinos, poder disfrutar y entender lo que sucedía dentro de una copa.

En la actualidad todos hablamos de hacer sencillo el mundo del vino, tanto en la práctica como en la descripción, él era un convencido de ello y fue un adelantado a su época, era consciente que la forma de acercar el vino a la gente común era desde la sencillez, desde el disfrute y desde lo cultural.

 ¿Crees que contribuyo a la profesionalización del sector?

No es una cuestión de creer—que lo creo—, solo hay que mirar la enorme cantidad de profesionales que pasamos por sus cursos y sus clases. Creó una catedra y ayudó a crear un estilo para este oficio con dedicación, conocimiento, trabajo y pasión. Fue uno de los pioneros y los impulsores de la figura del sumiller dentro de cualquier ámbito de la restauración, llámase restaurante, tienda, distribuidora, bodega…

Quizá no se propuso dignificar la labor del sumiller porque, como él mismo decía, el sumiller tiene una de las profesiones mas dignas que puede existir: servir con excelencia desde la humildad.
Sus valores como docente era consecuencia de sus valores como persona.

 Rasgo humano más sobresaliente
Su sencillez se reflejaba de su eterna sonrisa. No recuerdo una imagen de él sin esa sonrisa que expresaba la bondad y el gran corazón que atesoraba.

Ahora que está tan de moda la figura del coach dentro de las grandes empresas, él fue en este ámbito el primer coach: auténtico mentor de una generación de profesionales a los que hizo comprender que las personas están antes que los clientes, y que la consecuencia de tu trabajo es tu propio conocimiento y bienestar.

Un momento para recordar, una anécdota, un vino…

En una ocasión, Javier describía los vinos a partir de las emociones, champagne felicidad; jerez, tristeza… Para mí eso fue llevar la sensibilidad más allá de un producto. Y me marcó en la forma de entender el mundo del vino. Impresionante y especial…

Como anécdota de su conocimiento prodigioso y su grandeza como profesor, recuerdo en una clase en que nos leía un pasaje de un libro a la vez que lo traducía del francés al español: ¡y lo hacía sin más!

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