HÉROES, GUARDIANES Y CABALLEROS

Autoras: Ana Maria Molina y Mila de Torres el 13/6/21

Hemos visto y escuchado con placer la exposición, tan bella y tan profunda
sobre el fondillón, hecha por un verdadero maestro, Pedro Ballesteros,
ingeniero, ilustre escritor, primer MW de España y uno de los más sabios
entendidos de nuestros vinos. Los escasos minutos de exposición y cata de
fondillones fueron una delicia para la mente y los sentidos.

Inicia con una esclarecedora definición de lo genuino del fondillón: a
diferencia de otros vinos oxidativos, no está fortificado, «el azúcar y el
alcohol son suyos», nada externo se añade; ni se somete a «oxidación
extrema, sino a una maduración refinada». En esos dos rasgos está su
alma.Los antiguos toneles, que reciben el mosto de monastrell
sobremadurada y concentrada en la propia viña,se llenan por completo,sin
contacto con el aire, para lograr una lentísima maduración natural, que se
va refrescando a manera del sistema de solera y haciendo pequeñas “sacas”
que dejan una «proporción más alta de vino viejo». Su personalidad única
se forja en esto: solo monastrell de viejas cepas en vaso, laderas soleadas
del Vinalopó que condensan su alma de azúcar, sistema de solera, tiempo
en generaciones y unas pocas y heroicas bodegas que han guardado
celosamente este tesoro para el futuro.

Antes de deleitarnos con la cata, Ballesteros se detiene en un destello
histórico: la caída de Constantinopla (1453) en manos de los turcos
detienepara siempre el comercio de vinos griegos nuestro; y el fondillón
florece. Original y profundamente mediterráneo, es el heredero de aquellos
ilustres vinos de Homero. Aliado de navegantes -su riqueza de azúcares y
alcohol le permitían atravesar largas trayectorias sin inmutar su calidad-y
amigo de poetas, conquistó el paladar de Europa: su fama se celebra en
comedias, poemas y palabras de reyes.

Pero en su éxito estaba el germen de su fracaso y casi de su muerte,
de no haber sido por esos escasos héroes que creyeron en él y conservaron
con celo amante el antiguo tesoro en unos pocos toneles centenarios. Hoy la
tarea heroica de esos guardianes lo ha hecho renacer para los que aman
ese «vino icónico», como lo definía Carmona, y lo disfrutan con veneración.

Y por fin, el maestro, con descripciones llenas de conocimiento y
sensibilidad, nos descubre cinco vinos inolvidables y aviva el deseo de
probar esas delicadas joyas:

1. FRANCISCO GOMEZ: SOLERA 1988. El más joven y
afrutado, recuerda a frutos secos, ciruela y albaricoque. Muy
bien elaborado, gentil, elegante, moderno y «con ambición de
lujo». Un nuevo estilo «que abre mucha esperanza».

2. LUIS XIV. Mezcla de distintas soleras; la más joven, 50 años.
«Orgulloso de su edad, se perciben los exquisitos aromas de
maduración, no particularmente dulce». Vino para «disfrutarlo
silenciosamente».

3. RESERVA 1964, BROTONS. Es el gran héroe, ajeno a las
modas, y uno de los guardianes de la esencia del fondillón.
Muy maduro, muy noble, largo y muy particular, que
«recomendaría para la mesa».

4. PRIMITIVO QUILES 1948. Héroe y dios, ha luchado por
mantener la tradición. Cuando se escribe sobre el fondillón, se
piensa en él; fondillón de libro: delicado, balsámico, evoca
especias y frutos secos, se suaviza en el paladar. «Uno de los
clásicos y una joya de España».

5. FONDILLON 1930, MGW. «Uno de mis amores», «ha
mantenido viva la llama del fondillón de alta calidad». Máxima
delicadeza, máxima complejidad. Y búsqueda de la excelencia.

Antes de despertar de ese sutil sueño nos recuerda que el fondillón es
memorable, raro, único, no es para todos los días, pero es un vino para
siempre porque «lo mejor ocurre cuando el líquido desaparece y se
convierte en recuerdo».
Hay que agradecer a la D.O. la grata iniciativa de pedir al gran Pedro
Ballesteros, auténtico caballero del vino, que comparta su sabiduría y su
amor por este elixir único, cargado de historia y riqueza sápida, que
tenemos el privilegio de que sea de esta tierra. Alicante.

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