Alicante, tierra de monastrell

Las Provincias Viernes, 10 enero 2014 Se trata de la variedad tinta alicantina por antonomasia. La monastrell llegó a las costas levantinas en los barcos de los comerciantes fenicios hace más de dos milenios. :: LP Los fenicios sabían lo que se hacían cuando llegaron a las costas de la península ibérica. Ya habían hecho su camino en la isla de Ibiza, convirtiéndola en una inmensa explotación viticultora y llegando a bautizar la isla con el nombre del dios de la fertilidad de su panteón, Iboshim, la isla del dios Bes. En su expansión comercial buscaban un nuevo agro al que conferir sus conocimientos sobre el vino y que se convirtieran en proveedores para su negocio. Una arcaica monastrell fue la variedad de vitis vinífera elegida para que cultivaran los nativos íberos, y precisamente desde las costas alicantinas pasó a las tierras del interior con un terruño similar al de los cananeos bíblicos de oriente. Sus uvas necesitan un clima cálido para madurar y a más pobres son sus suelos y menos pluviosidad haya son mejores sus frutos. Los años muy calurosos proporcionan vinos de alta graduación y con una carga tánica muy apreciada. Esto permite no solo la producción de vinos monovarietales con carácter y personalidad propios, sino aportarle también matices muy atractivos cuando se ensamblan con variedades como syrah o merlot. La historia de la monastrell corre pareja a los avatares de Occidente y fue todo un éxito para la economía regional a lo largo de centurias. En la actualidad, constituye la variedad reina en la denominación de origen Vinos de Alicante. Hoy por hoy, la cuenca del río Vinalopó y las tierras aledañas son algo así como la patria natural hispana de la monastrell; Villena, Monóvar, Sax, Pinoso, La Romana, Fondón de las Nieves y algunos más que me dejo en el tintero fueron y son municipios vinateros que conforman la columna vertebral de los vinos alicantinos. El puerto de Alicante embarcó tradicionalmente graneles de esta variedad con destino a Francia, con la misión de complementar sus vinillos. Su cultivo se extendió hacia el norte, por toda la ribera del Mediterráneo, arraigando en las tierras saguntinas y haciendo del sobrenombre mourvèdre el marchamo con el que la monastrell llegaba a Europa. Aún hoy es como se la conoce en Francia. Es una de las variedades más importantes en España por su superficie de cultivo tras la tempranillo. Conocer la monastrell Cabe hacer un esfuerzo gastronómico para reconocer las virtudes de la monastrell allá donde la encontremos. Tomen nota de algunas de sus referencias esenciales y aprovechemos la cocina de invierno para disfrutar de ellos. El monastrell de cepa vieja Alfynal de Ibérica Bruno Prats, el Sequé de las bodegas del mismo nombre en Pinoso, Curro 2010 de Bodegas Bernabé Navarro en Villena, el Estrecho de Enrique Mendoza o el Sein de Vinessens. Por último, no olvidemos el rey de los vinos, el fondillón. Es precisamente con esta variedad de uva con la que se prepara este vino generoso de tradicional y muy pausada elaboración, por dar un dato, puede tener cuatro lustros de crianza. Así, escojan entre el fondillón de Gutiérrez de la Vega, que se llama Fondillón Recóndita Armonía 1987, el Fondillón Gran Reserva 1987 de Salvador Poveda o el Fondillón Solera 1948 de Primitivo Quiles.