Autora: Ana Molina Garcia
El Fondillón ha despertado siempre gran interés cultural y científico, dado que se trata de un vino de largo recorrido que plantea continuamente retos sugestivos.
Estos días sale a la luz el último trabajo de Javier Carmona: «Fondillón. De un pasado glorioso a un futuro incierto» o “From a glorius past to an uncertain future”; en su día, lo presentó en Austria por la vocación internacional que siempre caracterizó al autor. Una vez más, el Fondillón cruzó fronteras para hacerse más conocido y valorado. Un vino icónico, emblemático, en palabras del profesor Carmona quien, como ha reconocido Antonio Navarro, es «una de las personas que mejor ha podido transmitir el valor y la singularidad de este producto». En Rust (Austria), a finales de agosto, se le brindará un homenaje como embajador de ese vino tan mediterráneo.
El Fondillón ha despertado siempre gran interés cultural y científico, dado que se trata de un vino de largo recorrido que plantea continuamente retos sugestivos. Precisamente este año, al conmemorar el quinto centenario de la vuelta al mundo, surge una atractiva controversia de naturaleza histórica: ¿viajó o no este vino entre los enseres que cruzaron el Atlántico?

Por un lado, en la exposición Primus Circumdedisti Me, que organizó en 2015 el Archivo General de Indias, se mostraba un recorrido documental por diversos aspectos del viaje, entre ellos, la preparación material de los barcos en Sevilla y su equipamiento. De esas referencias documentales parece desprenderse que el Fondillón, o vino de Alicante, se incluía en la carga como producto apreciado y especial. No parece que falten razones para ello: a los tripulantes les gustaría ese vino que cumplía también fines medicinales porque contenía acido tartárico y alcohol actuando como antiséptico, según Félix Cardona en su publicación gastroteca; además, tales vinos, de alto grado alcohólico, se conservan mejor. Ambas razones abonan que se eligieran para un viaje que se preveía largo. La última alusión la hizo Jesús Trelis en la pagina Historias con Delantal.
Por otra parte, autores tan reputados como Rafael Poveda, con su enciclopédico conocimiento del Fondillón, en su reciente artículo de julio, «El testamento de Elcano», afirma que no hay «ninguna evidencia documental de la presencia de Fondillón en la Expedición de Magallanes, solo mitos y leyendas». Paso este de enorme validez científica.
Cabe preguntarse si las diversas menciones – fondillón, fondellol, vino de Alicante – no mueven a confusión, y sea una cuestión terminológica la que explique que no se cite explícitamente el Fondillón en esas naves. Se abre así una interesante diatriba para investigadores y apasionados de este vino en la que merece la pena profundizar.

La historia de tan noble caldo es apasionante y no deja de producir satisfacciones de índole intelectual. A ese respecto, Javier Carmona descubrió este interesante dato: «Es a finales del S. XVI cuando comienza a leerse la palabra española ‘Fondillón’ y su homóloga valenciana ‘Fondellol’. La primera referencia escrita al Fondellol aparece en un milagro atribuido al beato Andres Hibernon (1534-1602), que llenó una cuba vacía de Fondillón para dar de beber a un hombre enfermo que luego sanó. Esta referencia milagrosa a la multiplicación del vino se recoge en la causa general de su beatificación y se publicó en 1791». Como vemos, un vino poliédrico con sutiles matices y líneas que conviene indagar. Tan prodigioso, singular, selecto y minoritario que sigue despertando enorme interés. Hay que insistir en el compromiso de lograr que aflore la documentación que consiga demostrar fehacientemente cuál de estas dos posturas hay que descartar: la ausencia o la presencia en los bajeles que abrieron definitivamente los océanos al conocimiento humano. No es solo un anhelo romántico, se trata de una propuesta científica de investigación que a Javier Carmona le hubiera entusiasmado. Y el Fondillón se lo merece.


