Vinos ancestrales, cultura, valor: los Premios Fondillón

Ana Maria Molina y Mila de Torres

Desde 2019, año en que se otorga el primer Premio Fondillón, creado por el Consejo Regulador de los vinos de Alicante, se observa una constante en ellos que destaca su valor al servicio de España, su trascendencia en el tiempo, su profundo compromiso de excelencia y su voluntad de superación. Todas las ilustres instituciones premiadas, en las tres ediciones anteriores (Museo del Prado, Instituto Cervantes y Misteri d’ Elx), en cierto modo, se parecen al fondillón: eminentes y reconocidas, con solera de siglos, esforzadas en la conservación de un viejo y valioso patrimonio, entrañablemente unidos a las personas y a la historia, y con un futuro prometedor. Es indudable que en los premios Fondillón no se valora lo efímero, la vana moda de un día ni lo ilusorio inconsistente, sino el quehacer del tiempo («el tiempo, juez supremo, que da y quita razones»), la perdurabilidad y la calidad sin reproche.

 

Aunque en esta edición se rinde homenaje merecido a los doscientos años de la Policía Nacional, antes de entrar en sus justos méritos, hay que detenerse brevemente en sus predecesores. El Prado, la mejor pinacoteca del mundo, invita a un recorrido largo y detenido que desborda belleza, inteligencia y sensibilidad, un «itinerario estético» -decía Eugenio D’Ors- que colma cualquier ansia artística y recoge uno de los conjuntos pictóricos más bellos y mejor conservados del mundo, que tenemos la gloria y el privilegio de que nos pertenezca a los españoles. Nada mejor para este elenco sin igual de arte, sueño y prodigio que un sabio fondillón, viejo y amable, para agradecer tantos insignes pintores, mitos y evocadoras musas.

 

El Instituto Cervantes difunde por el mundo la hermosa lengua española. El viejo castellano, que nació entre la llanada alavesa, Burgos al norte y predios de La Rioja, defendiéndose de razzias y saqueos mientras componía el más antiguo diccionario de Europa -las Glosas Emilianenses del siglo X-, no ha dejado de dar una literatura tan rica y extensa que no conoce igual. Hoy, el prestigioso Instituto ejerce una misión que va más allá de la enseñanza del español, difunde el saber, la ciencia y la actividad económica, y ejerce una tarea de comprensión y aprecio de nuestra excelencia y singularidad: inspira actos, crea encuentros, programa conferencias impartidas por expertos (por ejemplo, Pekín 2019: Cata con letra; Utrecht, 2021: Vino y arte, etc.) que incluyen degustaciones y maridajes…  Proyectar nuestros vinos como patrimonio cultivado, emocional y humanista entre otros recursos arraigados en la concepción del mundo en España, como pedía el viejo Gonzalo de Berceo, «bien valdrá, como creo, un vaso de bon vino». Que sea, en este caso, un ancestral fondillón, viejo aliado del arte, los libros, la conversación y la amistad.

 

Quien no haya visto aún el Misteri, no deje de verlo, le espera una emoción que no se parece a nada: el cielo se abre y descienden los ángeles, tan de verdad que quiere el que lo contempla volar al cielo («y ascender como tú, vuelto en cristales», que decía Gerardo Diego). Majestuoso y sobrecogedor, desciende el ángel desde cúpula. Este milenario drama del medievo, una pieza sin parangón, ha surcado lo siglos sin envejecer, con idéntica y genuina emoción. Cuánta belleza, qué asombrosa representación. La hermosa Elche, que se mece al ritmo gentil de sus palmas, ha conservado para los siglos una obra de inapreciable valor. Ha hecho, por tanto, méritos sobrados para que alcemos una copa de fondillón, dulce y glorioso, para que conserve eternamente esa encantadora candidez medieval.

«Vengamos a lo de ahora», en palabras de Manrique. Se cumplen este año dos siglos de vida de nuestra Policía Nacional. Nuestra, porque así la sentimos: es, de hecho, una de las instituciones más valoradas de España. Creada en enero de 1824, es una veterana, respetada y sufrida institución, de las más antiguas de Europa, pero también «moderna, abierta, bien formada, querida y valorada por la sociedad». Nadie se siente desamparado si sabe que puede recurrir a ella: «la historia de la Policía Nacional es la aportación ininterrumpida de hombres y mujeres que han querido hacer de España un país mejor», afirma su director adjunto. Los españoles tenemos una deuda de honor con nuestra excelente Policía Nacional, con su valor y abnegación a nuestro servicio y para la mayor gloria de nuestra patria. Se merecen el más viejo y sabio de nuestros vinos: el fondillón de Alicante.

Brindemos, entonces, con un noble fondillón por estos modelos de sabiduría, arte, cultura, teatro y lengua ancestrales, valor y espíritu de servicio incondicional. Que les alcance la eternidad a todos ellos.