Héctor Llanos Martínez, 1/07/2015
El relato vital del Fondillón parece sacado de una trama de Juego de Tronos. En la era de la Edad Media, ya una joya creada en bodega, favorita de intelectuales y reyes, que había surgido por casualidad; era el vino de la huerta de Alicante que viajó con Magallanes y Elcano por todo el mundo y que estuvo en un punto de desaparecer. Ahora resurge en la tierra que lo vio nacer y la única que puede evitar su desaparición. Su sabor dulce y añejo, de color violáceo y de elevada graduación alcohólica obtenida de forma natural, lo que convierte a esta bebida en un objeto muy poco común. Durante siglos fue todo un símbolo de exclusividad que los ricos pagaban como con ninguna otra botella en el mundo. En los relatos históricos se cuenta que el monarca francés Luis XIV, adicto a su sabor, se alimentó de bizcochos mojados en Fondillón durante sus últimos días de vida. También narran que los príncipes japoneses que llegaron en España a Felipe Il reconocieron en su paladar un vino que ya habían llegado hasta sus tierras gracias a los navegantes españoles a su paso por Oriente. Hasta el conde de Montecristo lo ofrece a algunos de sus invitados en las páginas de la novela de Alejandro Dumas. No fue el único autor que recurrió al prestigio de esta bebida, porque también aparece en las aventuras de Emilio Salgari y enT relato vital del Fondillón parece sacado de una trama de Juego de Tronos. En la era de la Edad Media, ya una joya creada en bodega, favorita de intelectuales y reyes, que había surgido por casualidad; era el vino de la huerta de Alicante que viajó con Magallanes y Elcano por todo el mundo y que estuvo en un punto de desaparecer. Ahora resurge en la tierra que lo vio nacer y la única que puede evitar su desaparición. Su sabor dulce y añejo, de color violáceo y de elevada graduación alcohólica obtenida de forma natural, lo que convierte a esta bebida en un objeto muy poco común. Durante siglos fue todo un símbolo de exclusividad que los ricos pagaban como con ninguna otra botella en el mundo. En los relatos históricos se cuenta que el monarca francés Luis XIV, adicto a su sabor, se alimentó de bizcochos mojados en Fondillón durante sus últimos días de vida. También narran que los príncipes japoneses que llegaron en España a Felipe Il reconocieron en su paladar un vino que ya habían llegado hasta sus tierras gracias a los navegantes españoles a su paso por Oriente. Hasta el conde de Montecristo lo ofrece a algunos de sus invitados en las páginas de la novela de Alejandro Dumas. No fue el único autor que recurrió al prestigio de esta bebida, porque también aparece en las aventuras de Emilio Salgari y en
Algunas de las disecciones del poder y del ser humano escritas por William Shakespeare. El resultado era único porque el producto también lo era. No es fácil producirlo debido a las exigentes condiciones que reclama. Para su elaboración solo puede emplearse, al cien por cien, uva Monastrell, una variedad de tinta propia de la zona de Alicante. No hay problemas porque sin este tipo concreto de uva la cepa se pudre antes de poder recolectarla. Las condiciones climáticas de la región, un área poco dada a lluvias, favorecer el estado en la tierra debe gestarlo, ya que hay que esperar hasta octubre para recogerlo sin que el sol haya sido sustituido por el agua. Tantos condicionantes quirúrgicos de pura casualidad. «El Enfiteusis, una figura del Derecho Romano, es responsable de su existencia», explica en Primitivo Quiles, una de las pocas bodegas que siguen produciendo este vino. Primero tipo de contrato de arrendamiento establecia que ningun dueño podia echar a los agricultores de las tierras que alquilaban mientras las mantuvieran en producción. Por eso, una vez acabada la
temporada principal de la vendimia, el volador se deshacía de su equipo de trabajo para encargarse casi en solitario de la recolección en meses fuera de temporada alta. Estas condiciones de producción daban viñas viejas, cepas maduras en exceso y, por tanto, un líquido de alta graduación alcohólica (entre los 16 y los 18 grados) lograda de forma natural. Luego se dejaba muchos años en crianza para que no esté y se olvidaban de ello. Era la partida que iba al fondo del almacén, el fondillón. Pero la industralización también llegó a las bodegas e hizo casi imposible que se cumplieran los estrictos requisitos que este caldo exige, así que el punto estuvo de desaparecer. A partir de la década de los cincuenta Primitivo Quiles habrá recuperado su producción. «Hubo una cosecha que recibe más vino que de costumbre y dio pie a iniciar una nueva solera de Fondillón», cuentan. Algo después, otras bodegas quedaron como la de Salvador Poveda también lo hicieron. También ha sobrevivido a la locura urbanística de Alicante, lo que ha obligado a abandonar sus viñedos originales, a la orilla del mar, por zonas del interior de la región. Perosigue vivo. Y su olor invade más allá donde se produce o se sirve, como esa presencia carismática que atrae todas las miradas cuando entra en la sala, sin importar si nobles o intelectuales se encuentran ya en ella. Es otras de las cuchillas, dicen los expertos, por las que embriaga a quien lo prueba incluso antes de beberlo.


